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Impresiones del viaje | Imprimir |  Envie a un amigo
Wednesday, 20 de February de 2008

tt2Bien hace Goethe en advertirnos “Nada es más difícil de soportar que una serie de días hermosos”. No por esto nos va a ser fácil soportar una serie de horribles días. Es precisamente el contraste lo que nos revela la carga que tantas veces pasa por desapercibida. El día de las visitas a las petroleras fue un día pesado, entendiendo al peso como una fuerza que te ata a la realidad del momento, reveladora de la plenitud del minuto, cargándonos de una suma responsabilidad en cuánto a lo que la historia de la humanidad se refiere.


Por supuesto que para muchos de nosotros fue la realidad vivida en un instante, pero que para muchas personas es la realidad del cotidiano.  Pero no por esto deja de volcarse toda esta pesadez en un sentido de responsabilidad. El día domingo, de la visita al  Cuyabeno, fue un día leve, toda la belleza de la naturaleza, sin mano del ser humano de por medio, me transportó a una sensación nada usual,  una sensación ligada a mundos no conocidos antes, no conceptualizados ni abstraídos por la razón humana. Una sensación de comunión con el cosmos, fue como el contacto primario, con lo puro, en medida de sus posibilidades. 

 

Encontrándonos en un medio donde la producción y la masificación se apoderan de todos nuestros espacios, tanto físicos como mentales, es necesario darse un pare para pensar, para apreciar, para vivir. Ya no hay espacio para el contraste en esta asfixiante esfera de la productividad, donde todo está siendo alterado por nosotros.

 Estamos matizando bajo una absurda levedad todas nuestras acciones, como que no existiesen consecuencias ni secuelas. Recordemos el eterno retorno del que Nietzsche, alguna vez nos habló, eterno retorno el cual también la sabiduría andina nos mencionó alguna vez,  que por ahora se encuentra en el olvido para tantos de nosotros. Este eterno retorno es el que nos brinda importancia a nosotros a través de nuestras acciones. Nos carga de una pesada responsabilidad porque todas nuestras acciones quedarán marcadas durante toda la eternidad, nunca se borrarán, y se supone se repetirán cíclicamente.

  No podemos cruzar de brazos y permitir que los intereses económicos se lleven lo poco que nos queda de vida, el encuentro con el Cuyabeno fue un encuentro con la vida, con la pureza y precisamente el contraste con el día anterior, lo tornaron en un compromiso con la vida. De esta manera me llegó a mi este viaje, de encuentro no sólo con las realidades sino conmigo misma, donde me reconocí como un ser responsable por recuperar estos tesoros que nos permiten gozar de los instantes de levedad que nos puede brindar la naturaleza.

 

Ximena Campaña
 
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