En
las Ferias Socio País del pasado miércoles en Guayaquil se dio inicio a
la campaña ciudadana de respaldo a la Iniciativa Yasuní-ITT, pero su
repercusión fue muy pequeña. El embajador, Francisco Carrión,
representante del Jefe de Estado ante el proyecto y prácticamente el
“marquetero” de la propuesta en el exterior, dijo que fue solo un
ensayo y que en las próximas semanas realizarán un gran lanzamiento
para levantar el apoyo nacional y consecuentemente internacional.
Aunque
despierta “entusiasmo”, el mismo Gobierno no termina de organizarse.
Tras la renuncia de Juana Ramos a la secretaría Técnica del ITT, se
decidió conformar un Consejo Administrativo en el que participan la
canciller, María Isabel Salvador, el ambientalista y empresario
turístico, Roque Sevilla, la ex ministra de medio ambiente Yolanda
Kakabadse y el embajador Carrión.
Este Consejo establecerá las
políticas y trabajará en los mecanismos financieros. Lo extraño es que
no participa la ministra de Medio Ambiente, Marcela Aguinaga.
En
tanto, en enero se constituyó el fideicomiso al cual irán los fondos
que se recauden para financiar la propuesta de dejar el crudo bajo
tierra y los intereses se destinarán a los proyectos de desarrollo
social, de preservación del medio ambiente y de desarrollo de energías
renovables. Aunque hay muchos países interesados, al momento solo
España ha señalado su aporte puntual de cuatro millones de euros.
¿Cuáles han sido las mayores dificultades en difundir el
Proyecto del Yasuní?
La
inestabilidad democrática e institucional han mermado la confianza y
credibilidad del Estado ecuatoriano; cada vez que expongo el proyecto
tengo que tratar de diluirlas. La ventaja es que el propio Presidente
de la República ha respaldado decididamente este proyecto, él
personalmente ha abordado el tema en Francia, España y la Unión Europea
y ha conversado con delegados de Bélgica, Austria, Holanda, Alemania,
Italia. Esto ayuda para que se abran las puertas.
¿Y las reacciones?
La
primera es la sorpresa de cómo el Ecuador, un país en vías de
desarrollo y petrolero, propone algo así. Luego se entusiasman por sus
componentes y el tercer paso es el cómo lo hacemos. Es aquí donde
debemos ser lo suficientemente hábiles y pragmáticos. El Proyecto del
Yasuní reúne tres fortalezas importantes: biodiversidad única, la idea
de dejar 920 millones de barriles de petróleo bajo tierra y es un
sector donde viven las comunidades indígenas Huaorani, Tagaeri y
Taromenane en aislamiento voluntario.
¿Están listos los instrumentos financieros para facilitar
los aportes?
La
Secretaría Técnica trabaja en un menú de opciones y tiene la
responsabilidad de definirlos en varios frentes: el primero es el de
los Estados y organizaciones gubernamentales como el BID, Banco
Mundial, para los que pueden ser factibles los bonos de carbono, canje
de deuda, dinero fresco y cooperación internacional. El segundo, es el
de los filántropos y el sector privado, (empresas, ongs), que manejan
el concepto del principio de las responsabilidad social corporativa. El
tercero son los ciudadanos ecuatorianos y del mundo. El Ministerio de
Finanzas tiene que medir bien las implicaciones de la emisión de bonos
y hay que tener claros los efectos en la política fiscal, La emisión de
bonos debe contar con la autorización legal, tiene que haber una ley
que lo faculte.
¿Cómo sacar una ley sin Congreso, para el Congresillo?
Hay
mecanismos que deben regirse por el Acuerdo de Kyoto. Todo esto lo
tiene que medir la Secretaría Técnica que ahora es Unidad.
Tengo
entendido que hay un sector del Gobierno que no está convencido de la
emisión de bonos de carbono, porque se piensa que subsidia las malas
prácticas de los países desarrollados ¿Es cierto?
Es un
debate conceptual. Es un poco el lavado de conciencia de estos países,
pero si no acudimos a estos mecanismos, la simple compensación no
funciona. ¿Hasta dónde se puede conseguir lo que nos proponemos si es
que solamente pasamos el sombrero?. La realidad es otra.
¿Es cierto que la Chevron Texaco está interesada en aportar?
Yo
no he conversado con ellos, pero si nos ponemos muy puristas perdemos
la posibilidad de mantener el crudo en tierra. Nosotros no hacemos
distinción, siempre que se ajusten a los condicionamientos del
proyecto. De hecho la primera organización internacional a la que acudí
fue la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
La OPEP ¿no es contradictorio?
Es
la primera gestión que hice y la más audaz. La OPEP, en la última
cumbre del año pasado, por primera vez incluyó como un factor de
preocupación la energía y el medio ambiente y tiene un fondo dedicado
para el desarrollo. Nosotros fuimos y les dijimos, tal como se
pronunciaron el año pasado, nosotros les traemos esta propuesta. En la
resolución de marzo de este año, dedicaron un párrafo entero de apoyo a
nuestra propuesta.
¿Está definido cómo entregarán su aporte?
No. Todavía se tienen que establecer los mecanismos.
¿De qué otros organismos internacionales hay un apoyo decidido?
Hay
acuerdos explícitos de la Organización de Estados Americanos, de la
Comunidad Andina de Naciones, de la Corporación Andina de Fomento y la
OPEP. De la Unión Europea es verbal.
¿Cómo será la campaña internacional?
Los
discursos tienen que variar según el país. En Alemania hay mayor
sensibilidad por el cambio climático y en España, les interesa más el
respeto a los derechos humanos de los pueblos indígenas.
¿Está lista la estrategia de marketing?
Están listos los parámetros generales y se tienen que trabajar
los distintos mensajes.
¿Hay personalidades que hayan expresado su apoyo?
Los
que han aceptado por escrito son los ex presidentes Felipe González,
Fernando Enrique Cardoso, Ricardo Lagos; las Premio Nobel Rigoberta
Menchú y Rita Levi, el ex presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov.
Faltan los mecanismos para efectivizar los aportes.
¿Ningún estadounidense?
Hemos
enviado 30 cartas firmadas por el Presidente de la República para
algunas celebridades buscando su respaldo, entre ellas el ex
vicepresidente Al Gore. He hablado con Joan Manuel Serrat y me ha dicho
que sí, pero hasta no tener por escrito… Hemos dirigido cartas a
Sting, Julia Roberts, Leonardo Di Caprio, estamos a la espera de sus
respuestas.
¿Para los filántropos habrá bonos?
Claro,
nadie te va a regalar el dinero. Les damos el bono con el compromiso de
que su aporte estará bien utilizado y que no se realizará la
explotación petrolera. Si en 10 años cambian las políticas, tiene
derecho a pedir que les devuelvan ese dinero y con intereses. A parte
tienen la opción de decidir en qué quieren que se use ese dinero: en
proyectos de desarrollo social, desarrollo de energías renovables o en
la preservación del medio ambiente.
¿Y cómo va la campaña con los pequeños aportantes ciudadanos?
Creo
que es donde se puede llegar más lejos con una campaña mediática bien
hecha. Un joven puede comprar con 10 dólares un barril de petróleo para
que se quede en tierra. A la vez, me permitirá ir a Europa y decir que
en el Ecuador 200 mil personas han puesto tanto, que es una propuesta
de los ecuatorianos, le da legitimidad moral al proyecto.
¿Y los tiempos?
Yo
le he dicho al Presidente que los tiempos son muy cortos y ha resulto
prorrogarlo hasta los primeros días de enero. Lo que quiero es que la
Secretaría Técnica y yo mismo le digamos, aquí hay, tal vez no los 350
millones que él espera, pero sí compromisos firmes y serios. Es cuando
se evaluará si requerimos más tiempo.
¿Así lo convencieron de que ampliara el plazo?
Lo
que le motivó a ampliar el plazo fue un pedido formal del Parlamento
Alemán, en el que le da el respaldo al proyecto, pero pidió tiempo.
¿Cuál es el monto exacto que se necesita para el primer año?
Se
decía que 350 millones de dólares, pero los cálculos se hicieron en
junio del año pasado cuando el barril de petróleo estaba en 70 dólares
y hoy sobrepasa los cien. Eso hace que se replantee constantemente el
proyecto.
¿Hay otros países megadiversos que puedan intentar proponer algo
similar?
Yo no creo. Es una propuesta única porque se reúnen la
megadiversidad, las comunidades indígenas y el petróleo bajo tierra.