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El tiempo “Parece que el Gobierno quiere
explotar las minas y el petróleo a cambio de un presupuesto, que alguna
vez terminará. Pero al sacar los recursos atentará contra la vida de
los ecosistemas, se perderán pueblos y comunidades”, comenta Daniel
Tigre, dirigente en el Azuay de la Confederación de Nacionalidades
Indígenas del Ecuador, CONAIE.
Cuenca.
Para muchos indígenas, la política ambiental del Régimen cada vez se
aleja de las expectativas que se crearon en torno al respeto a la vida
y a la naturaleza, plasmadas en la Constitución de Montecristi, en 2008.
Tigre recuerda que al principio las propuestas de la Revolución
Ciudadana les abrió una esperanza, los asambleístas incluyeron en la
Carta Magna varios planteamientos de los sectores campesinos como la
defensa de la vida silvestre y el derecho al agua, además del acceso a
los beneficios de la madre tierra.
Pero frases como las dichas en las cadenas sabatinas, como estar
sentados en un saco de riquezas y reflejar con ello la necesidad de la
extracción minera, generaron la desconfianza de los indígenas.
Tigre asevera que no pueden esperar de brazos cruzados las decisiones
del Parlamento sobre la Ley de Aguas, esperan que en la nueva normativa
consten la consulta previa y el Consejo Plurinacional del Agua, en
lugar de la Autoridad Única.
Falta
Pablo Arévalo, técnico de la fundación ecológica Rikcharina, entidad
que trabaja en de Azuay y Loja, considera que la gestión ambiental del
Ejecutivo es aún deficiente, “sobretodo porque hay serios problemas en
el acceso a las vertientes de agua, protección de bosques y
biocorredores (cuencas hídricas)”, opina.
Arévalo, quien actualmente desarrolla un plan de identificación de
fuentes de agua en Sígsig, expresa que en esta área la inversión del
Estado ha sido insuficiente. Al decir esto no únicamente se refiere al
acceso a los recursos naturales sino a la capacitación para no atentar
contra el entorno.
“Por ejemplo, la intervención en los nacimientos de agua provocan la
deforestación y se pierden las fuentes, situación que degenera en
escasez”, detalla.
Algo necesario, indica Arévalo, es un inventario ecológico para
propiciar un manejo adecuado de los terrenos y una normativa
vinculante, donde las comunidades que habitan cada zona sean parte de
una decisión.
El ambientalista estima que la voluntad del Gobierno central y de los
seccionales debe reflejarse en el financiamiento de infraestructura y
logística, porque de nada sirve tener ministerios o direcciones del
ambiente sino se invierte en proyectos de mejoramiento y conservación.
Contradicciones
Respecto a la polémica sobre la explotación o no del campo Yasuní ITT,
el ambientalista Helder Solís, comenta que al Presidente de la
República le falta transparencia en el manejo de la política ambiental.
“Le ha faltado transparencia, en el tema del Yasuní ITT muestra
contradicciones con el Plan Nacional de Desarrollo y con la
Constitución, parece no existir un proyecto de conservación de la vida
sino, como otros gobiernos, de priorizar un modelo extractivista”,
concreta.
Añade que además del Yasuní el Primer Mandatario estaría interesado en
explotar las minas de la Cordillera del Cóndor o las de Quimsacocha y
Molleturo, estas dos últimas en Azuay.
También critica la falta de previsión que obliga al país a recurrir a
las generadoras termoeléctricas que son altamente contaminantes.
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