|
El Gobierno maneja un discurso de doble vía: dejar el crudo bajo tierra y llamar a licitación para su explotación.
El Gobierno ecuatoriano no termina por definirse. Por un lado impulsa
la iniciativa de dejar 850 millones de barriles de crudo bajo tierra
y al mismo tiempo llama a licitación para explotar esa reserva
petrolera.
El jueves 8, el ministro de Petróleo, Derlis
Palacios, convocó a las ofertas para explotar el recurso. Cuatro días
después, el ministro de Relaciones Exteriores, Fander Falconí, anunció
que el Gobierno continuará impulsando la Iniciativa Yasuní ITT. Incluso
dijo que se amplía en seis meses el plazo para su concreción (el
anterior terminó el 31 de diciembre).
Ese tipo de contradicciones -según Esperanza Martínez, una de las
impulsoras de la Iniciativa desde la sociedad civil- confunde a la
comunidad internacional, ya que no dejan tan claro sobre la seriedad
de la propuesta. “Al principio surgió como una fuerte crítica al
Protocolo de Kioto, seis meses después se la planteó como la única
alternativa para Kioto y ahora se pretende modificaciones a dicho
protocolo”.
Martínez insiste que a eso se suma una serie de
señales contradictorias desde el Gobierno. Por ejemplo, la licencia del
Bloque 31 y ahora el anuncio de una licitación, así es difícil
convencer a la comunidad internacional de que la iniciativa sigue
vigente.
Patricio Chávez, uno de los líderes juveniles de
Yasuní por la vida, es más drástico. “No es una posición seria la del
Gobierno, ya que trata de vender el Yasuní al mejor postor. Así se vota
por tierra todas las posibilidades y expectativas que se habían creado”.
El
consultor petrolero Héctor Pazmiño también coincide en que, si bien la
Iniciativa Yasuní ITT es innovadora, el Gobierno debe asumir una
decisión definitiva. “Han pasado dos años y todavía no hay concreción y
en este tiempo, económicamente ya debió significar mucho al país”.
Los
sectores ambientalistas aseguran que si bien recibieron información
sobre el proceso, no fueron considerados para la elaboración de las
propuestas.
El Gobierno constituyó un equipo técnico con
Francisco Carrión, Yolanda Kakabadse, Roque Sevilla y un delegado del
Ministerio de Relaciones Exteriores para desarrollar el modelo. “Ellos
decidieron trabajar un modelo a puerta cerrada”, dice Martínez.
La
propuesta actual es crear una especie de bonos de carbono denominados
Certificados de Garantía Yasuní (CGY), a los cuales se pretenderá
ubicar en el mercado de Leipzig, Alemania. Hasta allí acuden sobre todo
los países europeos en busca de los bonos para compensar su
imposibilidad de reducir las emisiones de bonos de carbono (CO2) por
sus actividades industriales.
De concretarse, en 10 años
generaría USD 11 890 millones por evitar la emisión de 410 millones de
toneladas métricas de CO2. Hasta diciembre pasado, la iniciativa
ecuatoriana recibió el respaldo de países europeos, grandes ONG y
personalidades internacionales, incluso el Gobierno alemán apoya con
300 000 euros para la elaboración del estudio de factibilidad.
Pero
Martínez y Chávez coinciden en que todos los mecanismos que se ha
intentado aplicar a partir de Kioto no han tenido éxito. Además, para
que sea aceptada internacionalmente, debía tener coherencia sobre en
qué se utilizarán los recursos. En este caso se usarían en
reforestación.
Asimismo, Martínez cree que se debería mantener
la propuesta original y para garantizar su cumplimiento se
debiera crear un fondo de capitalización. Pero Roque Sevilla, director
ejecutivo del Consejo Administrativo y Directivo de la Iniciativa, dijo
que esa propuesta no tuvo acogida porque se trataba de donaciones sin
ningún estímulo a cambio.
Contra la Constitución
La Iniciativa Yasuní ITT es
considerada pionera en este campo. A partir de la propuesta ecuatoriana
surgieron otras. Una moratoria petrolera en Costa Rica, protección de
bosques en Bolivia y Brasil, y otras parecidas en países
como Mozambique, Timor y Nigeria. Mónica Chuji, ex
asambleísta, considera que de darse la explotación petrolera en el ITT
se irrespetaría el Artículo 57, numeral 21 de la Constitución.
Este reza que está vetado todo tipo de actividad extractiva en los territorios de los pueblos en aislamiento voluntario.
Según Chuji, el Estado sería demandado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Naciones Unidas por el delito de etnocidio.
|