| Gobierno de Ecuador propone no explotar su petróleo | | Imprimir | | Envie a un amigo |
| martes, 25 de noviembre de 2008 | |
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Der Spiegel. El
Ejecutivo de Rafael Correa es el primero en el mundo en anunciar planes
para dejar las reservas petroleras en el subsuelo de sus selvas. Y el
país quiere que las empresas extranjeras lo compensen por este
sacrificio.
En la selva del Yasuni, en la Amazonía noroccidental de Ecuador, existen tantos tipos de maderas como especies hay en toda Norteamérica. En la región viven incluso especies raras de animales, como el tapir de montaña y el mono araña de cabeza café. Este paraíso alberga también a tribus nativas que viven hoy completamente aisladas del mundo. Hay más diversidad biológica en la jungla que en casi ninguna otra parte del mundo. Este edén virgen está protegido por su estatus de parque nacional y reserva de la biosfera de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), pero ¿por cuánto tiempo más? No son pocas las compañías petroleras que están presionando al Gobierno del Presidente Rafael Correa para que entregue finalmente licencias de explotación en la zona. Y es que la región del Yasuni se extiende por encima de la mayor reserva de crudo conocida de Ecuador, consistente en varios cientos de millones de barriles. El hidrocarburo es la exportación más importante del país. Y pese a que no lo ha hecho rico, sin petrodólares y petro-empleos el país probablemente sería más pobre de lo que es. Esto hace aún más sensacional una propuesta planteada en Berlín y otras capitales europeas por la ministra ecuatoriana de Medio Ambiente, Marcela Aguinaga, que convierten a Ecuador en la primera nación productora de petróleo que propone dejar las reservas de crudo bajo tierra. "No producir petróleo le ahorra, en primer lugar, a la atmósfera dióxido de carbono adicional", explica Aguinaga. "Además, se le evita a la selva el impacto del desarrollo", agrega. Hasta hoy, los llamados de Occidente a los países en desarrollo para que se incorporen a la lucha contra el calentamiento global y protejan su biodiversidad, han caído mayoritariamente en oídos sordos. La tentación de seguir las vías convencionales a la riqueza es demasiado grande. Y, ahora, uno de los países más pobres de América del Sur está planteando que las naciones industrializadas contribuyan para que su riqueza en combustibles fósiles puedan permanecer en el subsuelo. BONOS DE CO2 A mediados de 2008, el Presidente Correa hizo un primer intento por proteger la selva y sus recursos. Propuso que los contribuyentes occidentales y los ecuatorianos financiaran por partes iguales la mitad del costo de no explotar las reservas de crudo en esta zona ambientalmente sensible. Pero la iniciativa nunca rindió fruto. Correa se encuentra ahora bajo presión para ceder ante las compañías después de todo. Esperando evitar que esto ocurra, Aguinaga hizo una nueva y última oferta durante un viaje a Europa: que Ecuador sea compensado, sobre todo por las empresas occidentales que podrían luego vender el petróleo del Yasuni en la forma virtual de certificados de dióxido de carbono (CO2). Actualmente, la Unión Europea (UE), le exige a las compañías industriales y los operadores de plantas energéticas que presenten esos certificados a cambio de emitir CO2. El método funciona, y esa es la principal razón por la que los ecuatorianos están proponiendo que el crudo de la región del Yasuni sea incorporado al sistema de transacciones de dióxido de carbono. Así las cosas, las reservas de la selva podrían ser convertidas en toneladas equivalentes de CO2 no emitidas a la atmósfera, si es que la idea ecuatoriana avanza. UN REGALO IDEAL "Los ingresos podrían utilizarse para mejorar la protección de 5 millones de hectáreas de reservas naturales en Ecuador, para promover un desarrollo rural más amistoso ambientalmente y para proteger a nuestras tribus nativas", plantea la ministra del Medio Ambiente. La selva se mantendría intocada y el petróleo seguiría bajo tierra. Y, sin embargo, el país recibiría suficiente dinero para potenciar su desarrollo. Suena como una solución ideal, pero, a donde vaya, Aguinaga enfrenta las mismas difíciles preguntas: ¿Qué pasa si los sauditas empiezan a exigir compensación por el hidrocarburo que no producen? ¿Y si un nuevo Gobierno en Quito permite después de todo perforar en busca de crudo? El modelo, sostiene la funcionaria, está pensado sólo para regiones donde las reservas se ubican bajo sistemas extremadamente biodiversos. Y se daría a los donantes el derecho a confiscar el petróleo si éste termina produciéndose. Pese a estos argumentos, Aguinaga no ha convencido plenamente a nadie hasta ahora, debido, especialmente, a que una decisión sobre el reconocimiento oficial de esas nuevas formas de reducción del CO2 no se tomará sino hasta 2009, en la conferencia sobre el clima de Naciones Unidas en Copenhague. Si no logra convencer a los gobiernos y compañías, la ministra Aguinaga ve solamente una alternativa a abrir a la explotación la región del Yasuni: ciudadanos ambientalmente conscientes de todo el mundo podrían asegurar que el combustible fósil permanezca en tierra comprando privadamente certificados de dióxido de carbono como regalo climático a sus hijos. "Ofreceremos la oportunidad por internet de comprar la posibilidad de mantener en tierra al petróleo del Yasuni con una tarjeta de crédito", dice Aguinaga. "Sería un regalo ideal para Navidad o para el nacimiento de un niño". |
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