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El impuesto Daly-Correa al carbono | Imprimir |  Envie a un amigo
Monday, 24 de March de 2008

Joan Martínez Alier · Lucía Gallardo · Kevin Koenig · Max Christian 

¿Por qué necesitamos un impuesto al carbono?

La Convención Marco de Cambio Climático (CMCC) y sus órganos científicos han reconocido que los impactos de cambio climático recaerán desproporcionadamente sobre los países en desarrollo.

El Protocolo de Kyoto concedió a los países industrializados una especie de indulto sobre sus emisiones anteriores a 1990. Es decir, las emisiones históricas de carbono no han sido consideradas y por tanto, se ha abandonado el debate sobre "la deuda de carbono" fundamento del Principio de Compensación Internacional. Además se dio generosas cuotas a los países más ricos. Un ejemplo: bajo la "burbuja" europea, España puede aumentar sus emisiones un 15 por ciento aunque per capita está muy por encima del promedio mundial. De hecho, España ha aumentado (desde el 1990) más del 40 por ciento, pero no debe pagar por ahora ninguna compensación. En cuanto a los mecanismos de "flexibilidad", Kyoto se basa en un esquema de permisos y créditos de emisiones donde la mayoría de proyectos  que se desarrollan bajo este esquema tienen falsas y no verificables reducciones de emisiones.

Siguiendo el esquema de Kyoto, las actuales políticas internacionales de cambio climático, se han centrado en el mercado de emisiones, la aplicación de Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), y la promoción del mercado voluntario de carbono, en lugar de enfrentar el verdadero problema: la quema de combustibles fósiles. El Banco Mundial es uno de los principales actores en este campo, pues se calcula que tiene un portafolio de proyectos de mercado de carbono de más de 1.000 millones de dólares. Otros actores beneficiados por este esquema de mercado son las empresas extractivas, que adquieren derechos de emisión tras la inversión en proyectos en el extranjero que economizarán carbono.

Mientras esto sucede los países y comunidades que conservan los principales sumideros de carbono forestales o en pastizales, que apenas usan los océanos y la atmósfera para verter emisiones, y que ofrecen renunciar o renuncian a la explotación de sus reservas de petróleo, gas o minería de carbón evitando de esta manera la liberación de millones de toneladas de CO2, no son justamente compensados.

Antes de la Revolución Industrial la concentración de carbono en la atmósfera se mantuvo sin superar los 280 ppm y en tan solo siglo y medio, la concentración de carbono atmosférico subió a 382 ppm -un nivel al que no se ha llegado en los últimos cuatrocientos cincuenta mil años-. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) (2) ha determinado que el rango más bajo de concentración de carbono atmosférico que brindará todavía una  oportunidad para estabilizar el clima global por debajo de un aumento de 2 grados centígrados es de 450 ppm. La concentración está aumentado 2 ppm al año, o sea que en poco más de treinta años se alcanzará esa peligrosísima cifra de 450 ppm.

De continuar con el nivel de emisiones actuales -las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial están aumentando a un 3% anual-, en tres décadas se llegaría a este punto, donde los cambios químicos de la atmósfera son poco predecibles, las corrientes marinas pueden cambiar,  y la vida humana y la biogeografía habrán cambiado inevitablemente. La OPEP no puede desentenderse de tales amenazas. Debe jugar un papel activo.

Los Países en desarrollo NO- Partes del Anexo I del Protocolo de Kyoto, no deberían reproducir innecesariamente el actual patrón de desarrollo aunque tendrían todo el derecho. Tampoco deberían esperar a que la transición hacia modelos de desarrollo sustentables sea hecha por los países industrializados y que llegue a los países en desarrollo de gota en gota o cuando las alternativas energéticas sean costosas e inaccesibles porque sus economías estén ya encerradas en patrones tecnológicos basados en combustibles fósiles.

Al contrario, el Impuesto Daly Correa, permitirá que las rentas por la ocupación de un bien público global se utilicen para financiar una transición hacia un modelo de desarrollo sustentable. La OPEP tiene ya un pequeño fondo (del orden de 300 millones de dólares) que subsidia las investigaciones sobre tecnologías para secuestro de carbono, pero puede y debe ir mucho más allá, con unos ingresos del impuesto Daly-Correa (de unos pocos dólares por barril) del orden de 40,000 a 60,000 millones de dólares anuales.

El Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático (3) afirma que el fracaso en la reducción del crecimiento de las emisiones de los gases de efecto invernadero podría causar, para empezar, un costo estimado de 5% del PIB mundial por año; con lo cual, la amenaza del subdesarrollo y la pobreza crónica es más pronunciada y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio se ve seriamente amenazado. Esto significa que en un futuro próximo, los costos económicos del cambio climático en la economía mundial superarán en mucho los impactos económicos de un impuesto ecológico marginal. Resulta, por tanto, mucho mejor para la economía global ayudar a mitigar el cambio climático hoy que enfrentarse a los cada vez mayores costos de abatimiento de carbono.

De acuerdo con el IPCC, seguir emitiendo gases con efecto invernadero una vez superado el límite que asegura mantener el aumento de la temperatura media global debajo de 2ºC; le costaría a quien contamina al menos $100/tCO2, de ahí que los países industrializados quieran que estos costos sean asumidos por los países en desarrollo; ahorrándose miles de millones de dólares para no sacrificar su consumo energético.

En cuanto a los costos de adaptación al cambio climático, el Banco Mundial (4) ha hecho estimaciones de que se requerirán entre 10 - 40 mil millones de dólares anuales, para cubrir las necesidades de adaptación al cambio climático de los países en desarrollo. Buena parte de los costos de adaptación al cambio climático se resolverían vía créditos, Ayuda Oficial al Desarrollo, con inversión extranjera directa o inversión nacional. En término sencillos, los países en desarrollo tienen que asumir los desafíos de la adaptación al cambio climático incrementando su endeudamiento financiero. Después, para pagar esas deudas (contraídas por ejemplo para asegurar el suministro de agua en países andinos cuyos glaciares retroceden), se verán forzados a exportar más combustibles fósiles a precios que para los países ricos resultan baratos (de ahí que les coloquen impuestos).

El índice de Financiación para la Adaptación desarrollado por OXFAM (5), por ejemplo, considera que 28 países son los responsables de financiar la adaptación en los países en desarrollo. De acuerdo al estudio, los Estados Unidos y la Unión Europea deberían aportar conjuntamente alrededor del 75% de los fondos necesarios (EEUU algo más del 40% y la UE más de un 30%). Japón, Canadá, Australia y la República de Corea deberían aportar alrededor del 20% de los costos, siendo Japón quien deberá asumir la mitad de este porcentaje. Pero hay que rechazar los créditos para adaptación y pedir en cambio el pago de la deuda ecológica por excesivas emisiones históricas y actuales de dióxido de carbono. 

Bajo el principio de responsabilidad común pero diferenciada reconocido en el Protocolo de Kyoto; los fondos internacionales para atender al cambio climático no sitúan la verdadera responsabilidad que algunos países industrializados tienen sobre sus emisiones históricas  de carbono. Algunos de los fondos existentes como El Fondo para los países menos avanzados o El Fondo Especial para el Cambio Climático del GEF funcionan con donaciones voluntarias; mientras que el Fondo para la Adaptación de Naciones Unidas, sería el primer fondo financiado por el 2% sobre los créditos de carbono generados bajo los MDL del Protocolo de Kyoto.

Frente a esta realidad, el principio que inspira a la iniciativa ecuatoriana para la OPEP es que los países que históricamente han producido y continúan produciendo un exceso de dióxido de carbono per capita tienen una "deuda de carbono" y que los países que no han usado apenas los vertederos de carbono y que por el contrario han conservado las áreas ecológicamente sensibles que contribuyen al equilibrio climático, deberían ser compensados. Sobre todo cuando existen distorsiones que profundizan la inequidad en el tratamiento del cambio climático, como el subsidio anual total de los países en desarrollo hacia los países industrializados por las emisiones globales de carbono que estos han realizado por la producción de las ¾ partes de las emisiones, en lugar de ¼ partes que les correspondía por su población y que al cuantificarse podría alcanzar alrededor de $ 75000 millones al año (6). Esta situación debe rectificarse.

Modelo Yasuní-ITT : cambio de modelo por el cambio climático

El Modelo Yasuní-ITT podría convertirse en el primer modelo de conservación y desarrollo financiado por el Impuesto Daly-Correa. A través de la iniciativa gubernamental Modelo Yasuní-ITT, el gobierno ecuatoriano se compromete a conservar una de las regiones más biodiversas del mundo, garantizar la integridad del territorio de los Tagaeri-Taromenani y evitar la liberación de millones de toneladas de carbono a través de la implementación de un innovador modelo de abatimiento de carbono, que represará más de 400 millones de toneladas de carbono, que son verificables y cuantificables.

Ecuador es uno de los países con mayor biodiversidad por hectárea en el mundo. Sin embargo, las externalidades ambientales y sociales como los daños locales de la extracción, transporte y refinación de hidrocarburos, pérdida de biodiversidad, contaminación de sus fuentes de agua, extinción de grupos indígenas no han sido debidamente restadas en sus cuentas nacionales.(7)

Adicionalmente, Ecuador está viviendo los efectos negativos del cambio climático a través de la pérdida de sus glaciares en el caso del Antisana o de los Ilinizas; el incremento de nivel del mar amenaza a ciudades importantes como Guayaquil y la posible conversión de su selva amazónica en sábanas provocaría una crisis económica y social incuantificable.

El proyecto petrolero ITT alberga un crudo de 14,7 grados API aproximadamente. Sus reservas probadas y probables alcanzan los 920 millones de barriles  -cifra que corresponde a más del veinte por ciento del total de las reservas petroleras que posee el Ecuador-. La explotación petrolera del ITT implicaría la producción de aproximadamente 100.000 barriles diarios de crudo extra-pesado, con utilidad anual de 720 millones de dólares.

El gobierno ecuatoriano pide a la comunidad internacional una justa compensación a su esfuerzo de evitar la liberación de millones de toneladas de dióxido de carbono, contribuyendo así a los grandes esfuerzos de la Humanidad por detener los impactos del cambio climático. Esta compensación internacional se canalizará a través del Fondo Yasuní-ITT, estimado en alrededor de 4 mil millones de dólares, cuyo interés le podría generar al Ecuador rentas permanentes cercanas a los 350 millones de dólares anuales durante el periodo en que el petróleo hubiera sido extraído.

Ecuador está aportando a esta iniciativa, el monto diferencial que como país dejará de percibir (al menos 350 millones de dólares anuales). Con esta contraparte, el país plantea una contribución tangible y fuerte (comparada con su nivel de ingreso y desarrollo) en el marco de los países comprometidos globalmente con la búsqueda de logros en la reducción de las emisiones de dióxido de carbono y de conservación de la biodiversidad que sean justos y equitativos para las presentes y futuras generaciones.

Las emisiones ecuatorianas por persona (2.3 toneladas de CO2) están por debajo del promedio mundial de emisiones de CO2 per capita (4.18 toneladas de CO2) y sumamente distantes de las emisiones per capita de los países industrializados (Estados Unidos, 19.73 tCO2). A pesar de lo cual, Ecuador esta dando señales de su compromiso con el cambio climático al planificar para los años 2007-2011, la ejecución de planes y proyectos que le permitan diversificar su matriz energética.

El camino hacia este nuevo modelo de desarrollo se enmarca en un programa hidroeléctrico muy ambicioso; con políticas dirigidas a aumentar la eficiencia a nivel de los consumidores finales de energía, con el impulso de un sistema de reconversión de centrales térmicas para optimizar su eficiencia; la sustitución de diesel por gas natural; el mejoramiento de la calidad de uso automotriz con los programas de etanol en ciudades como Guayaquil; entre otras medidas. Dentro de estas iniciativas sobresale el "Programa Cero Combustibles en Galápagos" - un plan integral de acción que tiene como objetivo eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles en las Islas e impulsar el uso de Energías Renovables para Galápagos ERG -. Hay gran potencial eólico y de energía solar en Ecuador.

En este contexto, el Modelo Yasuní-ITT se podría financiar con el impuesto Daly-Correa si no llegara la compensación exterior directa. Ecuador garantizaría el inicio de una transición hacia una economía sostenible que le permita destinar recursos a la reducción de la pobreza al tiempo que consigue:

- Disminuir su dependencia de la utilización de combustibles fósiles;

- Implementar una política integral de conservación de ecosistemas sensibles;

- Sustituir la energía termoeléctrica;

- Estimular proyecto de eficiencia energética;

- Impulsar el desarrollo, investigación e inversión en energías renovables: eólica, solar, geotérmica;

- Sentar las bases para una transición hacia una economía no dependiente de las explotaciones petroleras;

- Impulsar una economía sostenible en el desarrollo de servicios y productos ambientales, impulsando también construcción de viviendas para sectores populares y edificios públicos (como escuelas) que sean modelos de eficiencia energética.

Conclusiones

El eco impuesto Daly-Correa representa un nuevo desafío y un cambio de época para la OPEP que hasta ahora se había negado (podríamos decir) a poner el cambio climático en el centro de su política. Este cambio permitirá realizar las rectificaciones institucionales que garanticen la estabilidad climática mundial. De lo contrario, el cambio climático traerá graves implicaciones no solamente para la estabilidad de la economía y de los mercados sino que causará impactos para la sobrevivencia y sostenibilidad de la vida humana en el planeta por las que seremos maldecidos por las futuras generaciones. Un buen gobernante debe tener una visión del futuro más larga y una "tasa de descuento" más baja que una empresa petrolera.

Las oportunidades para la OPEP son tanto de justicia económica como de justicia ambiental, son tanto financieras como morales.  Su liderazgo en asumir un papel pro activo en temas sobre el cambio climático y el desarrollo sustentable marcará la historia de esta organización.

El eco-impuesto Daly-Correa, al gravar la venta de exportaciones de petróleo (tratando de abarcar también el gas y el carbón mineral), gravará los costos del carbono desde la fuente, en vez de gravar las emisiones de carbono en los países importadores netos de combustibles fósiles como la Unión Europea discutió en 1992 (con el comisario Rippa di Meana, que propuso 10 dólares de eco-tax por barril de petróleo), y como Clinton-Gore plantearon ya en el 1993 (la BTU tax) sin éxito por la oposición, entonces, del Senado. De esta manera, la OPEP lograría lo que el Protocolo de Kyoto no ha logrado en más de diez años. Al mismo tiempo, la OPEP  inmunizará a sus miembros de las disrupciones e incertidumbres que otros impuestos o iniciativas sobre cambio climático puedan causarles afectando sus intereses.

El Fondo Mundial para el Desarrollo Sostenible generaría un flujo permanente de recursos para fines socio-ambientales de reducción de pobreza y transición energética hacia países que como Ecuador se comprometan decididamente a conservar los ecosistemas más sensibles, garantizar la protección de las comunidades locales que habitan en estas áreas, e impulsar modelos de desarrollo sustentables.

A través del impuesto Daly-Correa, la OPEP puede proteger y avanzar los intereses de sus miembros con respecto al cambio climático, y con visión y liderazgo ayudar el mundo frenar la amenaza más grande del siglo XXI.  ¿Aceptará la OPEP este desafío?

NOTAS A LA SEGUNDA PARTE:  (2) Climate Change 2007. The Physical Science Basis. Wortking Group I Contribution to the Fourth Assessment Report of the Intergovermental Panel on Climate Change. (3) Stern, Nicholas. The Economics of Climate Change. The Stern Review, Cambridge, UK Government HM Treasury, October 2006. (4) The World Bank, Clean Energy and Development: Toward an Investment Framework. Environmental and socially Sustainable Development vice Presidency Infrastructure vice Presidency, April 5, 2005, ix. 17. (5) Financing adaptation "Why the UN´s Bali Climate Conference must mandate the search for new funds", Oxfam Briefing Note, December 2007. Pg 3-4. Oxfam International. (6) En 1995, la economista Jyoti Parikh, quien perteneció al Panel Intergubernamental de Cambio Climático constató que las emisiones globales promedio eran de aproximadamente de una tonelada de carbono (3.7 ton. de CO2) por persona por año. Los países industrializados producían ¾ partes de estas emisiones en lugar de 1/4 parte que es lo que les correspondan por su población. La diferencia era del 50% del total de las emisiones aproximadamente  3000 millones de toneladas. Si contemplamos el aumento del costo marginal de la reducción, las primeras 1000 millones de toneladas podría reducirse a un costo de aproximado de $15 por tonelada, pero posteriormente este costo se incrementaría mucho más. Si tomamos $25 como precio promedio, entonces existiría un subsidio anual total de $75000 millones de los países del Sur hacia países del Note. En: Parikh, J.K (1995), "Joint Implementation and the North and South Cooperation for Climate Change" International Environmental Affairs, 7,I. (7) Fander Falconí, Economía y Desarrollo Sostenible. ¿Matrimonio feliz o divorcio anunciado?, Flacso, Quito, 2005.

Joan Martínez Alier  es catedrático de teoría económica en la Universidad de Barcelona y reconocido especialista en economía ecológica.
Lucía Gallardo es una investigadora y activista de la organización ecuatoriana Acción Ecológica.
Kevin Koenig es un activista del grupo Amazon Watch contra el petróleo.
Y Max Christian es un investigador en temas de economía ecológica.

 
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