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Emprendí viaje a la exótica Amazonía
apenas ayer la pisé y hoy retorné,
no resistí su turbador semblante....
en donde había selva...
hoy improvisados suburbios.
Dónde quedaron las crisálidas radiantes....?
pregunté a un pequeño rezago de bosque...
Pero nadie respondió …
Dónde están las inquietas nutrias...?
Y el silencio aumentó …
Dónde el sendero del jaguar...?
por qué el lecho de los ríos está vacío...?
lo único que veo son muñones pedregosos
y angostos hilos de agua donde hubieron
caudales retumbantes y grandiosos raudales
de aguas señoriales, escoltadas por reinos
de helechos, de líquenes, de telarañas gigantes,
de cantos vivaces de los loros y sus parentelas,
de sinfonías y conciertos imparables....
que las chicharras, cigarras, saltamontes
entonaban al unísono de una batuta impalpable....
mágica, incorpórea en el indescifrable verdor.
Tuve que verlo para sollozarlo...!!
no pensé llegara tan pronto este día gris....
una funeraria mudez es lo que se divisa
dónde encontrar respuesta a mi lamento...?
he dejado mis lágrimas impactadas
contra la inocente roca para qué...?
Si hubiera podido traducir estas exequias
del gemebundo silencio del bosque residual
no me tardaría un segundo en iniciar tal empresa
para llevarla ante el mundo y amplificarla
hasta volver sordos a los sinvergüenzas
que se han excitado tumbando la sumisión
de millones de árboles antiquísimos
como añejo fue su arte de exhalar oxígeno,
de atesorar los manantiales y alimentar
no solo la tierra, la sublimación del agua,
de dar permiso a la lluvia tórrida y cristalina
y hacer vida para nuestro hogar azul,
ahora tierra apagada y silenciosa.
Quienquiera que fue el autor de este negocio
ha ultrajado el sendero del futuro humano...
nuestros sucesores no conocerán la jungla,
los monumentales paisajes y biotas fragantes,
de aromas dulces de lirios, de flores balsámicas,
medicinales, del dulce olor de los canelos,
del gozoso laurel, de toda la opulencia botánica.
Los gigantescos ceibos, no volverán más...
sus abanicos titánicos, sus brillantes flores,
las industrias de savia, hogares de aves,
limpiadores planetarios, vigorosos pero silenciosos
ante el hacha, ante la sierra motorizada,
ante el asalto de los devastadores,
infames fundadores de la extinción terráquea,
aniquilan al bosque y embaucan a los jornaleros,
ni siquiera les dan buena paga a sus obreros,
para compensar en la más mínima expresión
sus maldiciones y sociedades comerciales.
Aquellas hermosas arboledas
fueron cultivadas por el Creador
en la estepa amazónica con propina
para que llene de triunfos y subsistencias
al ser humano, pero este no ha sabido entender
que los crímenes se castigan, que no se debe matar
porque un mandamiento elemental lo proclama
pero ahora no hay plazos largos para enmendar,
las aguas limpias están remitiendo,
más cáncer para nuestra civilización,
nuestras entrañas se van pudriendo,
esta muerte lenta sembrada con alevosía
ojalá cumpliese ya fecha de expiración.
Mas, no callaré mi voz
mientras Dios me de aliento,
iré por las junglas residuales
y por las urbes ignorantes
a seguir proclamando libertad
para la vida, garantías para mis nietos...
paisaje, aromas, sabores naturales,
contemplaciones, aprendizajes y
buenas costumbres para un futuro
de pobre pronóstico humano,
mas, con gran esperanza en Dios.
Al final me consuela este bosque residual...
a una quebrada de esa urbe resbalé
y un arroyo limpio encontré...
renacuajos en un estanque intermedio,
un aroma de humedad fragante,
ranas y hasta una reptil solitario
divisé con enorme admiración y agrado.
De todas maneras la ciudad amazónica
un día turbará este pequeño lugar
pero jamás acabará con la vida....
Porque su autor es todopoderoso,
omnisciente y sempiterno...!!
Tomado de: “Lucha sin tregua” Autor: Dr. Oscar Vaca Cevallos
ISBN 9978-44-447-5, Quito, agosto de 2005, pág. 78-84
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