Menu Content/Inhalt
Principal arrow Eventos pasados arrow 20/07 -Guayaquil- Yasuní en la carrera Expreso

Lista de correo

Suscríbase para recibir las noticias sobre la campaña en su casilla.

20/07 -Guayaquil- Yasuní en la carrera Expreso | Imprimir |  Envie a un amigo
lunes, 21 de julio de 2008

Expreso . Un hombre vestido de ardilla y un público que fotografiaba el evento fueron parte del ambiente de la carrera.

 

paj01Todavía no se había dado la orden de partida, pero aquel hombre vestido de ardilla salió corriendo con el número 533 de la categoría élite.

Eran las 09:25, y del Malecón Simón Bolívar arrancó solo, levantando una bandera que agitaba de un lado a otro. “Yasuní es el corazón del planeta”, decía la frase pintada en tela blanca y escrita en cuatro tonos, mientras detrás de él quedaban los participantes listos para la competencia atlética.

Su objetivo no era llegar a la meta. El letrero que portaba en su mano derecha delataba su única consigna: aprovechar los miles de seguidores de la carrera EXPRESO para difundir que la flora y la fauna están en peligro de extinción.

Y mientras él avanzaba entre las miradas de sorpresa del público, llegó la orden. Salieron los deportistas y del Malecón provinieron los aplausos de aliento de un grupo eufórico de familiares y de observadores. Los niños miraban atentos los globos rojos que comenzaban a ascender, al tiempo que cuatro motos y una camioneta de la Comisión de Tránsito del Guayas abría el camino a los deportistas.

Joao N’Tyamba y Robert Letting parecían dejar el polvo. En el kilómetro 2, a la altura del MAAC Cine, la exposición que realizaba el Centro de Atención Municipal Integral (CAMI) perdió por unos minutos la atención de los asistentes. A un lado dejaron las manualidades para detenerse a observar el paso apresurado de los atletas, que en ese momento recibieron su primer abastecimiento de agua.

En la Plaza Vernaza, los aplausos volvieron. Era una forma de incentivar a los deportistas que iban rumbo al kilómetro 3. A paso apresurado, el puente se llenó de deportistas que eran esperados a la bajada por otro nutrido grupo de familiares, amigos y observadores que con cámaras fotográficas y teléfonos celulares querían captar el momento.

A la altura del cementerio, cuando pisaban ya el kilómetro 4 de la carrera, una señora vendedora de flores, vestida con falda rosada y blusa negra, les lanzó unos pétalos a Joao y Robert, que estaban en ese momento en los primeros lugares. A lo largo del trayecto y en los alrededores del cementerio, los vendedores miraban con atención el paso, dejando atrás por unos minutos su trabajo.

paj03El recorrido no se detenía. Pasaban los deportistas y aparecían cada vez más personas aplaudiendo, diciendo una y otra vez: vamos, vamos. Cuando pasaron al pie de la Asociación de Enfermos Incurables, la llamativa ardilla que había salido antes que todos, fue alcanzada por la masa de atletas. Con un ritmo más lento, pero siempre agitando la bandera, seguía corriendo.

Unos aún con fuerzas y otros con la respiración entrecortada, llegaron al kilómetro 5, que se cumplía justo al pie del Hospital del Niño. Unos metros más adelante, un señor de la tercera edad con un perro blanco vestido con una camiseta rosada salió para ver el rápido avance de los participantes.

Nuevamente era hora de hidratarse. Y el público fue tan nutrido como variado. Al pasar frente al Asilo Plaza Dañín, llegando casi al kilómetro 8, una decena de personas de la tercera edad observaba desde un balcón el evento deportivo.
Una familia salió de su domicilio a observar. “Hemos visto de todo, hasta señoras y señores mayores que corren muy bien”, decía sorprendida Filadelfia Mayorga, que estaba acompañada por Eduardo Granizo e Inés Barba, quien miraba desde su silla de ruedas a quienes pasaban al pie de su casa.

Los policías tampoco se perdieron el evento. Cuando la competencia llegó a la altura de su recinto, frente a la Universidad Laica Vicente Rocafuerte, decenas de uniformados se congregaron para ver los detalles de la carrera, que era transmitida en vivo por Teleamazonas.

Comenzaron a llegar a paso apresurado los primeros, y lento, los últimos. Allí estaba la meta: el Estadio Modelo Alberto Spencer.

Atento con su teléfono celular, el profesor Iván Cruz esperaba a Pedro Cruz, quien participaba en la categoría élite. “Este año no me pude inscribir porque tenía que entrenar a mis alumnos que también iban a competir”, comentaba y mostraba en su teléfono las fotos de las dos primeras mujeres que cruzaron frente a él, en la categoría élite.

Mientras Cruz intentaba identificar entre la multitud a su amigo, Amelia esperaba un poco más allá a su esposo Danilo Auri. No despegaba su mirada de los atletas. El inquieto Joao estaba sujeto a ella con un correa de seguridad. “Ya se me ha perdido dos veces, así que no puedo correr el riesgo”, comentaba esta madre al ver que su hijo de cabello rubio ensortijado se movía para todos lados.

En los alrededores del estadio, los negocios de agua, jugos y helados tuvieron un buen día. Gustavo Arias dijo que los domingos generalmente “son muertos”, pero este le significó un buen ingreso, pues vendió más de 200 granizados en menos de una hora. Los aplausos fueron esta vez el reconocimiento al esfuerzo de quienes llegaron al kilómetro 10, aunque lo hayan hecho muchos minutos después que los primeros.

El hombre vestido de ardilla que salió antes que los demás competidores, no llegó entre los primeros. Ni siquiera lo hizo corriendo. Cansado caminaba lento, pero siempre agitando su bandera. Fue un día lleno de deporte, pero también de reconocimientos, aplausos y mensajes de reflexión para los miles de asistentes.

paj07paj10

 
< Anterior   Siguiente >