| De Texaco a Yasuní: Detener y reparar la Deuda Ecológica | | Imprimir | | Envie a un amigo |
| miércoles, 26 de marzo de 2008 | |
|
Tanto el caso Texaco como la propuesta del Yasuní plantean diferentes aspectos de la deuda ecológica que nos aportan ideas de cómo trabajar esta idea de la deuda ecológica. El caso Texaco es el llamado juicio del siglo y habla de una deuda histórica de la empresa Texaco, hoy Chevron. Este juicio ha permitido documentar la larga secuela de impactos ambientales y sociales de las operaciones petroleras de esta empresa en la Amazonía ecuatoriana; de hecho gran parte de las imágenes que circulan por el mundo sobre destrucción ambiental son ecuatorianas. Este juicio fue presentado originalmente en Estados Unidos, pero allí la justicia ni es tan eficiente ni está libre de corrupción. Después de 10 años demandando jurisdicción y, por las presiones de Texaco, el caso pasó a Ecuador. Texaco cometió errores de cálculo, dilató el caso pretendiendo agotar a los demandantes y lo trajo a Ecuador asumiendo que sería más fácil influir en la decisión. Pero le salió mal, en 10 años se acumuló experiencia, se levantaron redes de solidaridad y se armó un sistema de vigilancia al proceso. Y el tribunal en Ecuador es el de Lago Agrio, una de las zonas con índices de inseguridad más altas. El juicio está en la etapa final, es decir, se ha empezado a valorar la magnitud del daño y a trabajar en las medidas reparadoras. EL caso de Texaco puso tres temas esenciales sobre el tapete: el de las responsabilidades, el de la magnitud de los daños y el de la reparación. Estos temas son centrales al tratar de entender qué es la deuda ecológica. Las responsabilidades: La defensa de Texaco en el juicio ha sido intentar descargar su responsabilidad en el Estado. Sin embargo, en este caso, hay claramente diferentes responsabilidades. Por una parte, está el Estado que hizo el contrato con la empresa y permitió que se actué como se actuó y, por otro, la de empresa operadora, la Texaco, que diseñó, ejecutó y administró los daños y los beneficios. Una responsabilidad es diferente de la otra. La magnitud de los daños: Si bien la mayoría de los daños pueden ser calificados como inconmensurables e irreversibles, puesto que es imposible poner un precio a los muertos, a los enfermos de cáncer, a las culturas desaparecidas, estos daños existen y han provocado heridas a las familias y a la comunidad. La reparación: Frente a una secuela de daños a la naturaleza y a la sociedad, e incluso asumiendo que la mayoría de daños son irreversibles, ¿qué es reparador para las víctimas, para sus familias, para la sociedad?, ¿cómo se repara realmente a la naturaleza y a las complejas relaciones de interdependencia dentro de ella? Entonces, el tema es que la reparación debe suponer una serie de medidas que garanticen tanto la restauración de los ecosistemas y de los derechos, como medidas de satisfacción. En casos como el de la Texaco o cualquier caso de deuda ecológica, debemos decidir qué lenguaje vamos a utilizar para presentar tanto la denuncia como la demanda. La sola discusión sobre si debemos o no cuantificar los daños, que sabemos son inconmensurables, nos plantea un problema ético de doble lado. Por una parte, es verdad que no podemos poner precio a la vida; por otro lado, es cómodo para una empresa o para un país como España o Estados Unidos asumir que todos los daños son inconmensurables, porque entonces no podemos hacer nada. Desgraciadamente, vivimos en el capitalismo, desgraciadamente, porque éste es el primer responsable de una inmensa deuda ecológica al planeta. El capitalismo funciona en la medida en que considera que hay una fuente inagotable de riquezas en la naturaleza -que puede explotar- y una capacidad ilimitada de sacrificio, sobre todo de las mujeres, que con su trabajo, invisible y no remunerado, reproducen la fuerza de trabajo en condiciones límites, haciendo cotidianamente el milagro de multiplicar los panes. El capitalismo logró que se reconozca el valor solo cuando tiene un precio asignado. Como diría Antonio Machado, somos necios porque confundimos valor con precio. Tenemos una necesidad de identificar o cuantificar, de monetarizar los daños y ése es un lenguaje con el que de hecho solemos ser más escuchados. Son los economistas quienes tienen la palabra en materia de lo real y lo práctico. A los ecologistas, que hablamos de cosas concretas y reales como el agua, la tierra, el suelo, las especies... se nos califica, o mejor dicho se nos descalifica, por subjetivos. Todo lo que tiene sabor a número y a economía resulta ser más real. Entonces surge como opción utilizar como herramienta la economía doméstica, esa parte real y práctica de la economía. Hicimos un cálculo de los daños de la Texaco con costos referenciales de otros casos o con costos de sustitución. Calculamos el daño por derrames de petróleo a precio de los gastos de limpieza de Exxon Valdez y sacamos 19 mil 400 millones de dólares solo por derrames, porque aquí en Ecuador se ha derramado mucho más que en aquel derrame en Alaska. Para valorar el costo de la limpieza de pantanos llamamos a una universidad y preguntamos cuánto costaría limpiar los pantanos por metro cuadrado y multiplicamos por el número de pantanos y sacamos una cifra de 1.300 millones de dólares. Cuando hablamos de biodiversidad o de destrucción de bosques, llamamos a los científicos que hacen estos estudios de productos no maderables del bosque para saber cuánto se puede obtener de una hectárea en pie, multiplicamos por el número de hectáreas que se habían destruido en la Amazonía y sacamos una cifra de 169 mil millones de dólares. Por peces muertos calculamos cuántos peces mueren con una onda expansiva de una dinamita, calculamos cuántas dinamitas se pusieron en los ríos, se hizo el cálculo de una línea de exploración sísmica. La forma de calcular el precio era virtual, pero al mismo tiempo resultó real, pues llamamos a un acuario para saber cuál era el menor costo de un pez tropical y pusimos el menor costo porque somos conservadores en los datos. En el caso de los animales que se habían extinguido, preguntamos a un petrolero, que había trabajado en la actividad sísmica, cuántas culebras mataste mientras estabas trabajando... lo multiplicamos por el número de cuadrillas que funcionaban y el número de años que se exploró. Para asignar un costo, llamamos a un zoológico en Estados Unidos y preguntamos cuánto puede costar una culebra o cuánto puede costar una danta y construimos así una cuestión que nos permitía visibilizar los costos. Puede resultar absurda para algunos, pero para la mayoría es una forma concreta de asignación de precios. De hecho los abogados de Texaco presentaron este documento en la corte y le dijeron al juez: vea usted señor juez el absurdo que dicen... que debemos pagar 1.000 dólares por cada danta que nos comimos porque eso cuesta en Estados Unidos... El Juez no entendía cuál era el absurdo. El juez es abogado, no economista. Posiblemente, el caso de la Texaco, que va a terminar muy pronto, asignará un costo de 2 ó 3 dólares por barril de petróleo como daño ambiental. Esto significaría una sentencia de 3.000 a 6.000 millones de dólares, que es mucho dinero... Claro que, si utilizamos nuestras cifras, sería de 472 dólares por cada barril, pero esta cifra jamás sería aceptada, pues obligaría a cancelar toda operación petrolera en el mundo por absurda. Estas cifras sobre el monto por daños ambientales, que lleva implícita una operación petrolera, nos permite saltar al caso Yasuní. Yasuní es el área protegida más grande del Ecuador continental y la segunda más importante, después de Galápagos. Yasuní está considerada como la zona más biodiversa del mundo. En una hectárea se han encontrado tantas variedades de árboles y arbustos como en todo Canadá y Estados Unidos juntos. Pero, además, Yasuní es el hogar de pueblos en aislamiento voluntario, cuya sobrevivencia depende de la conservación de su territorio y de otorgar garantías para que no existan terceros en su territorio. La propuesta del Yasuní es la de no explotarlo a cambio de una compensación equivalente a la mitad de lo se obtendría si se decidiera explotarlo. La propuesta se presenta en momentos en que el calentamiento global dejó de ser un augurio y pasó a ser un tema central en los noticieros, en los encuentros internacionales, en las investigaciones... Los desastres del planeta como las inundaciones, los huracanes, los incendios y las guerras tienen en el fondo que ver con el petróleo. Y frente a este panorama, los países industrializados, con sus empresas e incluso sus ONG, toman acciones evasivas y muchas veces colonizadoras, al pretender impulsar acciones de limpieza de la atmósfera fuera de sus países... en los nuestros. Además, la propuesta se presenta en un momento político en el que están en cuestionamiento el modelo económico y político. Esta propuesta, al igual que el caso Texaco, hablan del tema de las responsabilidades diferenciadas. En este caso se trata de demandar a los países industrializados que han destruido la atmósfera, que paguen por ese petróleo y que con esto se lo deje en el subsuelo, garantía que daría Ecuador. La compensación de acuerdo al gobierno es de 4.000 a 5.000 millones de dólares. Es un monto alto... la mitad de la deuda pública de Ecuador. Pero visto en perspectiva, no es tanto... son 100 días de las ganancias de Chevron-Texaco del año 2006, 15 días de lo utilizado por Estados Unidos en la guerra de Irak. Ecuador pretende con ese monto crear una cuenta cuyos intereses le permitan tener una renta permanente de 350 millones al año. Sería desastroso sacar el crudo del ITT; la zona es una inmensa laguna, donde cualquier derrame tendría consecuencias fatales. El crudo es pesado, su explotación supondría más desechos. Por cada barril de crudo, saldrían entre 8 y 9 barriles de aguas tóxicas. Creemos que propuestas como las de Yasuní contribuyen a comprender cuán limitados son los instrumentos desarrollados con el Protocolo de Kyoto, para enfrentar el calentamiento global. Conclusiones y propuesta de temas para trabajar la deuda ecológica
La restitución tanto del patrimonio, como de los derechos, por ejemplo, del patrimonio cultural que ha salido del país, de tierras que fueron expropiadas a los pueblos indígenas, o de aquellas, que incluso en tiempos recientes, han sido expropiadas a campesinos a cuenta de proyectos de interés nacional. La compensación e indemnización, es decir, el pago por aquellas cosas que se perdieron; aquí hay que incluir la sustitución de lo perdido con algo equivalente al daño, es decir, si pierdo el agua, necesito que me garanticen agua. La restauración y rehabilitación habla de recuperar las condiciones ambientales de la zona; se incluye la rehabilitación del tejido social. La satisfacción incluye las sanciones a los responsables, el reconocimiento de la condición de víctimas de quienes han sido agredidos. Esto es muy importante, pues la práctica actual es criminalizar a las víctimas. Las garantías de no repetición de los daños: esto significa que no podemos hablar de deuda ecológica, de justicia climática, ni de ningún tipo de justicia ambiental, si es que no nos dan garantías de que los daños no se van a repetir. Así como el capitalismo como modelo se basa en la capacidad de explotación de la naturaleza y del trabajo fundamentalmente de las mujeres, campesinos e indígenas, el ecologismo como corriente política tiene grandes fortalezas: reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos y reconoce no solo el inmenso sacrificio de las comunidades en resistencia que están frenando proyectos que van a ser devastadores sino, además, la ilimitada capacidad de creatividad en esta lucha por la vida.
ESPERANZA MARTÍNEZ Presidenta de Acción Ecológica ECUADOR
|
| < Anterior | Siguiente > |
|---|